Tareas de las juventudes revolucionarias

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Escrito por: Vladimir I. Lenin en 1903

La declaración de la Redacción del periódico Studient[1], publicada por vez primera, si no nos equivocamos, en el número 4 de Osuobozhdenie[2] y recibida también por Iskra[3], testimonia, a nuestro juicio, él considerable paso adelante que ha dado la redacción en sus concepciones desde que se publicó el No.1 de Studient. El señor Struve[4] no se equivocó al apresurarse a manifestar su disconformidad con las opiniones expuestas en la declaración: en efecto, estas opiniones discrepan radicalmente de la orientación oportunista que con tanto celo y consecuencia sigue el órgano liberal burgués. Al reconocer que “el sentimiento revolucionario no puede crear por sí solo la unificación ideológica de los estudiantes” y que “para este fin es imprescindible un ideal socialista que se apoye en una u otra concepción socialista del mundo” y, por añadidura, en una concepción “concreta y cabal”, la Redacción de Studient ha roto ya, en principio, con el indiferentismo ideológico y el oportunismo teórico, planteando sobre una base justa el problema de los medios necesarios para radicalizar a los estudiantes.

Es cierto que, desde el punto de vista hoy en boga del “revolucionismo” vulgar, la unificación ideológica de los estudiantes no requiere, sino que excluye, una concepción cabal, significa la “tolerancia” frente a las ideas revolucionarias de distinto género y presupone abstenerse de reconocer decididamente un determinado conjunto de ideas; en una palabra, desde el punto de vista de estos sabios de la politiquería, la rarificación ideológica presupone cierta vacuidad ideológica (encubierta más o menos hábilmente, claro está, con las fórmulas trilladas de la amplitud de opiniones, la importancia de la unidad a toda costa y sin demora, etc., etc.). Hay un argumento bastante especioso, y a primera vista muy convincente en favor de este planteamiento del problema, al que se recurre siempre: señalar el hecho, notorio e indiscutible, de que entre los estudiantes hay y no puede dejar de haber grupos muy diferentes por sus opiniones político-sociales y que, como consecuencia de ello, la exigencia de una concepción del mundo concreta y cabal repelerá ineludiblemente a algunos de esos grupos; por consiguiente, impedirá la unificación; por consiguiente, originará discordias; en vez de una labor unánime; por consiguiente, debilitará la fuerza del ataque político general, y así hasta lo infinito.

Examinemos este razonamiento especioso. Tomemos, como ejemplo, la división de los estudiantes en grupos, hecha en el No.1 de Studient. En ese número, la Redacción no planteaba todavía la necesidad de una concepción del mundo cabal y concreta, debido a lo cual sería difícil sospechar en ella parcialidad por la “estrechez” socialdemócrata. El artículo de fondo del No.1 de Studient distingue cuatro grandes grupos entre los estudiantes actuales: 1) “una muchedumbre indiferente”-“personas que muestran la mayor indiferencia por el movimiento estudiantil”; 2) “academistas”-partidarios de los movimientos estudiantiles sobre un terreno exclusivamente académico; 3)”enemigos de los movimientos estudiantiles en general: nacionalistas, antisemitas, etc.”; 4)”políticos”-partidarios de la lucha por derrocar el despotismo zarista. “Este grupo, a su vez, consta de dos elementos opuestos: la oposición política puramente burguesa de espíritu revolucionario y la creación de los últimos días (¿sólo de los últimos días? -N. Lenin): el proletariado intelectual revolucionario de espíritu socialista”. Si tenemos en cuenta que el último subgrupo se divide a su vez, como sabe todo el mundo, en estudiantes socialistas- revolucionarios[5] y estudiantes socialdemócratas[6], resultará que entre los estudiantes de nuestros días hay seis grupos políticos: reaccionarios, indiferentes, academistas, Liberales, socialistas. Revolucionarios y socialdemócratas. Puede preguntarse: ¿no será casual ese agrupamiento?, ¿no será una visión temporal de los estados de ánimo?

Basta con formular sin rodeos esta pregunta para recibir en el acto una respuesta negativa de cuantos conozcan la cuestión, por poco que sea. Pero es que, además, entre nuestros estudiantes no podría haber otro agrupamiento, pues son la parte más sensible de la intelectualidad, y la intelectualidad se llama precisamente así porque es la que refleja y expresa de modo más consciente, decidido y exacto el desarrollo de los intereses de clase y de los grupos políticos en toda la sociedad.

Los estudiantes no serían hoy lo que son si su agrupamiento político no correspondiera al agrupamiento político en toda la sociedad; “correspondiera” no en el sentido de la proporcionalidad absoluta de los grupos estudiantiles y sociales por su fuerza y sus efectivos numéricos, sino en el sentido de la existencia necesaria e inevitable entre los estudiantes de los mismos grupos que hay en la sociedad. Y precisamente esos seis grupos -reaccionarios, indiferentes, culturistas, liberales, socialistas-revolucionarios y socialdemócratas- son peculiares de toda la sociedad rusa, con su desarrollo embrionario (relativamente) de los antagonismos de clase, con su virginidad política, con su embrutecimiento y opresión de grandes y grandísimas masas de la población por el despotismo policíaco. En vez de “academistas” he puesto aquí “culturistas”, es decir, partidarios del progreso legal sin lucha política, del progreso sobre la base de la autocracia. Estos “culturistas’, existen en todos los sectores de la sociedad rusa y, a semejanza de los “academistas” estudiantiles, se limitan por doquiera un pequeño grupo de intereses profesionales, al mejoramiento de ciertas ramas de la economía nacional o de la administración pública y local; en todas partes se alejan temerosos de la política, no diferenciando (como no diferencian los academistas) a los “políticos” de las distintas tendencias y denominando política a todo lo qué se refiere a… la forma de gobierno. El sector de los “culturistas” ha sido siempre, y sigue siendo hoy, la base amplia de nuestro liberalismo: en tiempos “de paz” (es decir, traducido al “ruso”, en tiempos de reacción política) , los conceptos de “culturista” y liberal se confunden casi por completo, y hasta en los tiempos de guerra, en los tiempos de ascenso del espíritu social, en los tiempos de creciente embate contra la autocracia, la diferencia entre estos conceptos es, frecuentemente, vaga. El liberal ruso, incluso cuando protesta de manera abierta y directa contra la autocracia desde una publicación editada libremente en el extranjero, no deja, empero, de sentirse ante todo “culturista” y, a menudo, empieza a razonar como un esclavo, o, si queréis, a lo legal, a lo leal, como un fiel súbdito: véase Osvobozhdenie.

La falta de un límite definido y claramente visible para todos entre los “culturistas” y los liberales es peculiar, en general, de todo el agrupamiento político de la sociedad rusa. Podría decírsenos, quizá, que la división en seis grupos a que nos hemos referido antes es inexacta, pues no corresponde a la división en clases de la sociedad rusa. Sin embargo, semejante objeción sería insostenible. La división en clases constituye, naturalmente, la base más profunda del agrupamiento político y, en resumidas cuentas, determina siempre, sin duda, dicho agrupamiento. Pero esa base profunda sólo se revela a medida que avanza el desarrollo histórico y aumenta el grado de conciencia de los participantes y artífices de este desarrollo. Ese “resumen de cuentas” lo hace únicamente la lucha política: a veces, como resultado de un combate  largo y tenaz que se mide por años y decenios y que tan pronto se manifiesta violentamente en distintas crisis políticas como se amortigua y parece detenerse en el tiempo. No en vano en Alemania, pongamos por caso, donde la  lucha política adquiere formas particularmente agudas y la clase avanzada –el proletariado- actúa con conciencia singular, existen todavía partidos (y partidos poderosos) como el centro, que disfraza su contenido clasista heterogéneo (y, en general, indudablemente anti proletario) con la unidad de convicciones religiosas.

Tanto menos puede sorprender que el origen clasista de los actuales grupos políticos en Rusia sea velado en grado muy considerable por la falta de derechos políticos de todo el pueblo, por Ia dominación sobre él de una burocracia magníficamente organizada, ideológicamente cohesionada y tradicionalmente cerrada. Más bien habrá que sorprenderse de que el desarrollo capitalista de Rusia al estilo europeo, a pesar del régimen político asiático del país, haya impreso ya una huella tan fuerte en el agrupamiento político de la sociedad.

La clase avanzada de todo país capitalista, el proletariado industrial, ha emprendido también en el nuestro la vía del movimiento masivo, organizado, bajo la dirección de la socialdemocracia, bajo la bandera del programa que el proletariado consciente internacional adoptó hace ya mucho. La categoría de los indiferentes en política es en Rusia, claro está, incomparablemente más numerosa que en cualquier país europeo; pero tampoco en nuestro país puede hablarse ya de la virginidad primitiva de esta categoría; la indiferencia de los obreros inconscientes -y en parte de los campesinos- es sustituida cada vez más a menudo con explosiones de efervescencia política y de protesta activa, demostrando patentemente que esta indiferencia no tiene nada de común con la de los burgueses y pequeños burgueses ahítos. Esta última clase, especialmente numerosa en Rusia debido a que el desarrollo del capitalismo es en ella todavía relativamente débil, empieza ya, sin duda, de una parte, a suministrar también reaccionarios conscientes y consecuentes; pero, de otra parte, y con frecuencia muchísimo mayor, se distingue aun débilmente de la masa del “pueblo trabajador”, gris y oprimido, encontrando sus ideólogos en vastos sectores de los intelectuales raznochintsi[7], que carecen en absoluto de una concepción concreta del mundo y confunden de manera inconsciente las ideas democráticas y los gérmenes de las ideas socialistas. Precisamente esta ideología es peculiar de la vieja intelectualidad rusa, tanto del flanco derecho de su parte liberal-populista como del flanco más izquierdista: los “socialistas-revolucionarios”.

He dicho “vieja” intelectualidad rusa, porque en nuestro país está surgiendo ya otra nueva, cuyo liberalismo se ha depurado casi por completo (no sin ayuda del marxismo ruso, naturalmente) del populismo primitivo y del socialismo vago. La formación de una verdadera intelectualidad liberal burguesa avanza en nuestro país a pasos de gigante, gracias principalmente a la participación en este proceso de personas tan ágiles y sensibles a toda corriente de moda del oportunismo como los señores Struve, Berdiáev, Bulgákov y Cía. En lo que se refiere, por último, a los sectores liberales y reaccionarios de la sociedad rusa que no pertenecen a la intelectualidad, su nexo con los intereses de clase de unos u otros grupos de nuestra burguesía y de nuestros propietarios agrarios está suficientemente claro para cuantos conozcan algo la actividad, por ejemplo, de nuestros zemstvos, dumas, comités de la Bolsa, de las ferias, etc.

Hemos llegado, pues, a la conclusión indudable de que el agrupamiento político de nuestros estudiantes, lejos de ser casual, es necesaria e inevitablemente como lo hemos dibujado más arriba, de acuerdo con el No.1 del periódico Studient. Una vez establecido este hecho, podemos ya analizar con facilidad la cuestión litigiosa de qué debe entenderse, en suma, por “unificación ideológica de los estudiantes”, por su radicalización, etc. A primera vista, parece extraordinariamente extraño incluso que una cuestión tan sencilla haya podido resultar litigiosa. Si el agrupamiento político de los estudiantes corresponde al agrupamiento político de la sociedad, ¿no significará eso de por sí que por “unificación ideológica” de los estudiantes puede entenderse únicamente una de estas dos cosas: o ganar el mayor número posible de estudiantes para un conjunto plenamente definido de ideas político-sociales, o conseguir el acercamiento más estrecho posible entre los estudiantes de un grupo político determinado y los representantes de ese grupo fuera de los medios estudiantiles? ¿No está claro de por sí que puede hablarse de radicalización de los estudiantes solamente desde el punto de vista de una concepción absolutamente concreta del contenido y del carácter de esa radicalización? Para el socialdemócrata, por ejemplo, significa, primero, difundir las convicciones socialdemócratas entre los estudiantes y luchar contra las opiniones que, aun llamándose “socialistas-revolucionarias”, no tienen nada de común con el socialismo revolucionario, y, segundo, tratar de ampliar, hacer más consciente y más decidido todo movimiento democrático, comprendido también el académico, entre los estudiantes.

La forma en que se ha embrollado una cuestión tan sencilla y clara y se ha hecho de ella una cuestión litigiosa constituye un episodio muy interesante y muy característico. La disputa se entabló entre Revolutsiónnaya Rossíaa[8] (Números 13 y 17) e Iskra (Números 31 y 35) con motivo de la “Carta Abierta” del Consejo de Coalición de las asociaciones de estudiantes coterráneos y las organizaciones estudiantiles (publicada en el No. 13 de Revolutsiónnaya Rossía y en el No. 1 de Studient). El consejo de Coalición de Kíev consideró “estrecha” la decisión del II Congreso de Estudiantes de toda Rusia, celebrado en 1902, de que las organizaciones estudiantiles mantengan relaciones con los comités del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia; por cierto, el hecho, evidente a todas luces, de que una parte de los estudiantes de algunas localidades simpatizan con el “partido de los socialistas-revolucionarios” fue encubierto especiosamente con el razonamiento, muy “imparcial” y muy inconsistente,de que ‘los estudiantes, como, tales, no pueden adherirse íntegramente ni al partido de los socialistas-revolucionarios ni al partido de los socialdemócratas”. Iskra  señaló la inconsistencia de este razonamiento, y Revolutsiónnaya Rossia, por supuesto, lo defendió contra viento y marea, acusando de, falta de comedimiento” y falta de madurez política a los iskristas, a los “fanáticos de las desuniones y las escisiones”.

Después de cuanto hemos dicho, la absurdidad de semejante razonamiento es ya demasiado evidente. De lo que se trata es de qué papel político desempeñan los estudiantes. Y resulta que primero hay que cerrar los ojos ante el hecho de que los estudiantes no están aislados del resto de la sociedad y, por ello, reflejan siempre e inevitablemente todo el agrupamiento político de ésta. Después, con los ojos cerrados, dedicarse a divagar sobre los estudiantes como tales o sobre los estudiantes en general. Se obtiene la conclusión de que son perjudiciales las desuniones y escisiones derivadas de la adhesión a este o aquel partido político. Está claro como la luz del día que para llevar hasta el fin este curioso razonamiento había que saltar del terreno político al terreno profesional o docente. Y Revolutsiónnaya Rossia da precisamente ese salto mortal en el artículo. Los estudiantes y la revolución (No.17), invocando, en primer lugar, los intereses generales de los estudiantes, la lucha estudiantil general, y, en segundo lugar, los fines docentes de los estudiantes, la tarea de prepararlos para la futura actividad social, la tarea de formarlos como luchadores políticos conscientes. Estas dos invocaciones son justísimas, pero no tienen nada que ver con la cuestión y lo único que hacen es embrollarla. La cuestión es la actividad política, la cual, por su propia esencia, está unida inseparablemente a la lucha de los partidos y requiere de manera ineludible la elección de un partido determinado. ¿¿Cómo es posible eludir de esta elección, argumentando que para toda actividad política es imprescindible la más seria preparación científica, la “formación” de firmes convicciones, o que ninguna labor política puede limitarse a los círculos de políticos de una tendencia determinada, sino que debe orientarse a sectores de la población cada día más amplios, debe fundirse con los intereses profesionales de cada sector, unir el movimiento profesional con el político, elevar el primero hasta el nivel del segundo?? ¡El solo hecho de que esos hombres tengan que recurrir a semejantes pretextos para defender su posición muestra con toda evidencia hasta qué punto carecen ellos mismos de convicciones científicas concretas y de una línea política firme! Cualquiera que sea el punto de vista desde el que se enfoque la cuestión, veréis confirmada una y otra vez la vieja verdad que predican los socialdemócratas desde hace mucho, combatiendo el equilibrismo de los socialistas-revolucionarios -tanto en el aspecto teórico’ científico como en el político-práctico- entre el marxismo, de un lado, el oportunismo “crítico” europeo occidental, de otro, y el populismo pequeño burgués ruso, de otro más. En efecto, imaginaos unas relaciones políticas más o menos desarrolladas y mirad el planteamiento práctico de nuestra “cuestión litigiosa”. Supongamos que existen tres partidos: el clerical, el liberal y el socialdemócrata. Actúan en determinados lugares, por ejemplo, entre algunos sectores estudiantiles u obreros. Tratan de atraer a su lado al mayor número posible de representantes más influyentes de unos y de otros. Y yo pregunto: ¿sería imaginable que al optar esos representantes por un partido determinado se rebelasen contra ello dichos partidos, basándose en que existen ciertos intereses generales docentes y profesionales de todos los estudiantes y de toda la clase obrera? Sería lo mismo que poner en duda la necesidad de la lucha de los partidos, invocando el arte de imprimir, inútil por igual para todos los partidos sin distinción. No hay un solo partido en los países civilizados que deje de comprender la inmensa utilidad de las asociaciones docentes y profesionales organizadas con la mayor amplitud y consistencia posibles; pero cada uno de ellos sé esfuerza por que en esas asociaciones predomine precisamente su influencia. ¿Quién ignora que  la invocación del sin partidismo de estás o aquellas instituciones es, de ordinario, sólo una frase hipócrita en boca de las clases dirigentes, interesadas en ocultar que las instituciones existentes están impregnadas ya, en el 99 por 100 de  los casos, del espíritu político más concreto? Y, sin embargo, nuestros señores socialistas-revolucionarios, en el fondo, cantan ditirambos precisamente en honor del “sin partidismo”. Tomad, como ejemplo, esta emotiva perorata de Revolutsíónnaya  Rossía (No.17): “¿Qué táctica miope es esa que consiste en que una organización revolucionaria desee sin falta ver en cualquiera otra organización independiente o subordinada a ella, una competidora que debe ser destruida, una competidora a cuyos medios debe llevarse obligatoriamente la división, la desunión, la desorganización?” Se dice eso con motivo del manifiesto de 1896 de la organización socialdemócrata de Moscú que reprochaba a los estudiantes haberse encerrado durante los últimos años en el ámbito estrecho de sus intereses universitarios, y a la que Revolutsiónnaya Rossía enseña que la existencia de una organización estudiantil jamás impide a quien “se ha definido en el aspecto político” consagrar sus fuerzas a la causa obrera.

Ved cuánto embrollo hay aquí. La competencia es posible (e ineludible) únicamente entre una organización política y otra organización política, entre una aspiración política y otra aspiración política. La competencia es imposible entre una sociedad de ayuda mutua y un círculo revolucionario, y al imputar a este último el deseo de destruir sin falta a la primera, Revolutsiónnaya Rossía no dice más que tonterías. Pero si en esa misma sociedad de ayuda mutua se manifiesta cierta aspiración política por ejemplo, no ayudar a los revolucionarios o retirar de la biblioteca los libros ilegales-, Ia competencia y la lucha abierta será obligatoria para todo “político” honrado. Si hay hombres que encierren los círculos en los intereses universitarios estrechos (¡y esos hombres existen, sin duda, y en 1896 eran muchísimos más!), la lucha entre ellos y quienes propugnan la ampliación, y no la reducción, de los intereses será igualmente necesaria y obligatoria. Mas en la Carta Abierta del Consejo de Kíev, que suscitó la polémica entre Revolutsiónnaya Rossía e Iskra, no se trataba de optar entre las organizaciones estudiantiles y las revolucionarias,sino entre organizaciones revolucionarias de tendencias diferentes. Por tanto, han empezado a optar precisamente quienes “se han definido en el aspecto político”, y nuestros “socialistas-revolucionarios “tiran de ellos hacia atrás con el pretexto de que la competencia entre una organización revolucionaria y otra puramente estudiantil es miope… ¡Demasiado incoherente, señores!

La parte revolucionaria de los estudiantes empieza a elegir entre dos partidos revolucionarios y se la obsequia con esta moraleja: “esta influencia”, es decir, la influencia de la  parte socialista de los estudiantes sobre el resto,” no se ha conseguido imponiendo” “determinada” (es preferible, desde luego, la indeterminación…),”etiqueta partidista” (etiqueta para unos, pero bandera para otros), “violentando la conciencia de los camaradas estudiantes;’ (toda la prensa burguesa de todos los países explica siempre el crecimiento de la socialdemocracia por la violencia de los cabecillas y de los incitadores sobre la conciencia de los pacíficos camaradas…) . Es de suponer que todo estudiante honesto calificará como se merece esta acusación a los socialistas de “imponer” etiquetas y “violentar la conciencia”. ¡Y esas palabras faltas de carácter, de firmeza y de principios se dicen en Rusia, donde son aún tan infinitamente débiles los conceptos de organización de partido, firmeza y honor de partido, bandera de partido!

Nuestros “socialistas-revolucionarios” ponen como ejemplo a los estudiantes revolucionarios los anteriores congresos estudiantiles, que proclamaban su “solidaridad con el movimiento político general, haciendo abstracción por completo de las discordias fraccionales existentes en el campo revolucionario”. ¿Qué es el movimiento “político general”? Es el movimiento socialista más el movimiento liberal. Hacer abstracción de esta diferencia significa colocarse al lado del movimiento inmediato y más próximo, es decir, precisamente del movimiento liberal. ¡Y a eso es a lo que llaman los “socialistas-revolucionarios”! ¡Gentes que se denominan partido especial llaman a permanecer al margen de la lucha de partidos! ¿No muestra eso que semejante partido no está en condiciones de hacer pasar su mercancía política bajo su propio pabellón y tiene que recurrir al contrabando? ¿No se deduce de ahí que ese partido carece de toda base programática concreta propia?

Ahora lo veremos.

Los errores de los socialistas-revolucionarios en sus razonamientos acerca de los estudiantes y la revolución no pueden explicarse solamente por la falta de lógica que hemos procurado demostrar antes. En cierto sentido, puede afirmarse lo contrario: la falta de lógica de sus razonamientos dimana de su error fundamental. Como “partido”, han adoptado desde el primer momento una posición tan internamente contradictoria, tan resbaladiza que las personas honradas de verdad y capaces de verdad de pensar políticamente no podían sostenerse en ella sin vacilaciones y caídas constantes. Hay que tener siempre presente  que la socialdemocracia no explica el daño que causan al socialismo los “socialistas-revolucionarios” tomando como base los distintos errores de estos o aquellos escritores, de unos u otros dirigentes, sino que, al contrario, considera que todos esos errores son resultado ineluctable de un programa y una posición política falsos. En una cuestión como la estudiantil, esa falsedad se manifiesta con claridad singular, haciéndose evidente la contradicción entre el punto de vista democrático-burgués y las vestiduras de oropel del socialismo revolucionario. En efecto, observad cómo se desarrollan las ideas en el artículo programático de Revolutsiónnaya Rossía: “Los estudiantes y la revolución”. El autor coloca en primer plano “el desinterés y la pureza de las aspiraciones”, “la fuerza de los motivos ideales” de “la juventud”. Busca la explicación de sus anhelos políticos “innovadores” cabalmente en eso, y no en las condiciones reales de la vida social en Rusia, las cuales de una parte, engendran una contradicción inconciliable entre la autocracia y sectores muy amplios y muy heterogéneos de la población, y, de otra, dificultar extraordinariamente (pronto habrá que decir ya dificultaban) que el descontento político se manifieste de otro modo que no sea a través de las universidades.

El autor arremete luego contra los intentos de los socialdemócratas de adoptar una posición consciente ante la diversidad de grupos políticos entre los estudiantes, de unir más estrechamente los grupos políticos homogéneos y desunir lo que es heterogéneo políticamente. Y no es que el autor critique lo equivocado de uno u otro de estos intentos (sería absurdo afirmar que estos intentos han sido afortunados siempre y en todo). No, al autor le es ajena por completo la idea misma de que la diferencia de los intereses de clase debe reflejarse también ineludiblemente en el agrupamiento político; de que los estudiantes no pueden constituir una excepción de toda la sociedad’ a pesar de su desinterés, pureza, idealidad, etc.; de que la tarea del socialista no consiste en disimular esta diferencia, sino, por el contrario, en explicarla a la masa más amplia posible y afianzarla en una organización política. El autor enfoca las cosas desde el punto de vista idealista del demócrata burgués, y no desde el punto de vista materialista, del socialdemócrata.

Por eso, no se avergüenza de lanzar y repetir el llamamiento a los estudiantes revolucionarios al “movimiento político general.” Para él, el centro de gravedad se encuentra precisamente en el movimiento político general, es decir, democrático general, que ha de estar unido. Esta unidad no deben romperla “los círculos puramente revolucionarios”, los cuales tienen que agruparse “paralelamente a la organización estudiantil general”. Desde el punto de vista de los intereses de este movimiento democrático amplio y unido es criminal, naturalmente, “imponer” etiquetas de partido y violentar la conciencia de los camaradas. Así precisamente opinaba la democracia burguesa ya en 1848, cuando los intentos de señalar la contradicción existente entre los intereses de clase de la burguesía y del proletariado provocaron- la condenación “general” de “los fanáticos de la desunión y la escisión”.  Así opina también la novísima variedad de la democracia burguesa, los oportunistas y revisionistas, los cuales ansían un gran partido democrático único que marche pacíficamente por la vía de las reformas, por la vía de la colaboración de clases. Todos ellos han sido siempre, y no pueden dejar de serlo, enemigos de las discordias “fraccionales” y partidarios del movimiento “político general”

Como veis, los razonamientos de los socialistas-revolucionarios, absurdos y contradictorios hasta el ridículo desde el punto de vista del socialista, son absolutamente comprensibles y consecuentes desde el punto de vista democrático-burgués. Esto ocurre porque, en el fondo, el partido de los socialistas-revolucionarios no es otra cosa que una fracción de la democracia burguesa, una fracción primordialmente intelectual por su composición, primordialmente pequeño burguesa por su punto de vista y ecléctica por su bandera política, que une el novísimo oportunismo y el viejo populismo de nuestros abuelos.

La mejor refutación de la fraseología unificadora del demócrata burgués es  la propia marcha del desarrollo político y de la lucha política. Y en Rusia, el crecimiento del verdadero movimiento ha conducido ya a esa refutación.

Me refiero a la separación de los “academistas” como grupo especial de los estudiantes. En tanto no hubo lucha auténtica, los academistas no se diferenciaron de la masa “estudiantil general” y la “unidad” de toda la “parte pensante” de los estudiantes parecía indestructible. Pero en cuanto llegó la hora de los hechos, la discrepancia de los elementos heterogéneos se hizo inevitable*.

El progreso del movimiento político y del embate directo contra .la autocracia fue seguido inmediatamente de un progreso de la definición en el agrupamiento político, a despecho de todas las frases hueras sobre la unificación de todos y cada uno. Es poco probable que haya una sola persona capaz de dudar que, la separación de los academistas y los políticos representa un gran paso adelante.

Ahora bien, ¿significa esta separación de los estudiantes socialdemócratas “rompan” con los academistas? A Revolutsiónnaya Rossía le parece que sí (véase el No. 17, pág. 3).

Pero le parece eso únicamente como consecuencia del embrollo que hemos descubierto más arriba. EI deslindamiento completo de las tendencias políticas no significa en modo alguno el “rompimiento” de las asociaciones profesionales y docentes. El socialdemócrata que se señale la tarea de trabajar entre los estudiantes procurará sin falta penetrar personalmente, o a través de sus agentes, en el mayor número posible de círculos “puramente estudiantiles” y autodidactas lo más vastos posibles; procurará ampliar los horizontes de quienes reclaman sólo la libertad académica; procurará difundir precisamente el programa socialdemócrata entre los que buscan todavía un programa.

Resumamos. Cierta parte de los estudiantes quiere formarse una concepción socialista del mundo concreta y cabal. El objetivo final de esta labor preparatoria no puede ser otro para los estudiantes que desean participar de una manera práctica en el movimiento revolucionario que la elección consciente y definitiva de una de las dos tendencias que han cristalizado actualmente en los medios revolucionarios. Quienes protestan contra esta elección en aras de la unificación ideológica de los estudiantes, de su radicalización en general, etc., no hacen otra cosa que embotar la conciencia socialista, propugnan de hecho sólo la vacuidad ideológica. El agrupamiento político de los estudiantes ha de reflejar por fuerza el agrupamiento político de toda la sociedad, y es deber de todo socialista esforzarse por conseguir el deslindamiento más consciente y consecuente posible de los grupos heterogéneos políticamente.

El llamamiento del partido de los socialistas-revolucionarios a los estudiantes-“proclamar su solidaridad con el movimiento político general y hacer abstracción por completo de las discordias fraccionales existentes en el campo revolucionario”- no es otra cosa, por su esencia, que un llamamiento a volver atrás, a retroceder del punto de vista socialista al punto de vista democrático-burgués. No hay nada sorprendente en ello, pues el “partido de los socialistas-revolucionarios” es solamente una fracción de la democracia burguesa en Rusia. El rompimiento del estudiante socialdemócrata con los revolucionarios y los políticos de todas las demás tendencias no significa de ninguna manera el rompimiento de las organizaciones estudiantiles generales y educativas; antes al contrario, sólo manteniendo el punto de vista de un programa plenamente definido se puede y se debe laborar entre los más vastos sectores estudiantiles para ampliar los horizontes académicos y propagar el socialismo científico, es decir, el marxismo.

P.D.- En las cartas siguientes desearía hablar con los lectores de Studient sobre la importancia del marxismo para formarse una concepción cabal del mundo, las diferencias de principios y de táctica entre el Partido Socialdemócrata y el partido de los socialistas-revolucionarios,  los- problemas de la organización estudiantil y la actitud de  los estudiantes ante la clase obrera en general.

Notas

[1] Studient: Al parecer se trata de un periódico publicado por los estudiantes rusos a principios del siglo XX.

[2] Osuobozhdenie (Libertad), periódico liberal burgués publicado en Rusia.

[3] Iskra (La Chispa), periódico impreso por el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.

[4] Piotr Berngardovich Struve. Militante del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, marxista “legal”, posteriormente abandonó el partido para integrarse al burgués Partido Demócrata Constitucional, Lenin describía a los personajes como Struve como “compañeros” de viaje en la lucha revolucionaria.

[5] Socialista-Revolucionario. Se refiere a militantes o simpatizantes del Partido Social-Revolucionario, fundado en 1901, integrado por intelectuales que aspiraban a representar los intereses de los campesinos rusos.

[6] Socialdemócrata. Integrante del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), fundado en 1898 en Rusia, en este texto al referirse a socialdemócrata se refiere a seguidor de las ideas marxistas. El POSDR se dividiría posteriormente en dos fracciones, la revolucionaria, bolcheviques y la reformista, mencheviques.

[7] Grupos de intelectuales de la sociedad rusa, con mentalidad democrática, que aspiraban a la emancipación del campesinado.

[8] Periódico del Partido Social Revolucionario